8 nov. 2014

Estudiantes asesinados ¿Y qué?



La protesta social en México no genera cambios, solo altera por determinado tiempo la “normalidad de las cosas”, se piensa que destruyendo bienes materiales o aceptando el sacrificio de cualquier servidor público, por un corto tiempo mientras todo se calma, se logró mucho. Sin duda nos sumamos a la indignación, el escándalo o nos sentimos ajenos a lo que está sucediendo. Pero son las formas en como lo hacemos lo que deja mucho que desear. Marchamos, exigimos en redes sociales, gritamos vituperios, opinamos durante el clímax de la noticia y todo eso dura solo un día. Eso lo saben quienes ostentan el poder en este país, saben cómo dar la noticia, encubrirla y maquillarla para que no cause más que un sobresalto.



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El estado actual de las cosas es preocupante y la oportunidad de un cambio trascendental en la forma en que hacemos política.  Esta vez no cabe la posibilidad de que el gobierno mexicano culpe al narcotráfico, a la delincuencia organizada, grupos guerrilleros o simples disidentes sociales. La responsabilidad de lo sucedido en Ayotzinapa, Guerrero, uno de los estados más pobres e inseguros del país, es completamente del Gobierno local y Federal. Pobreza e inseguridad que el mismo gobierno se ha encargado de mantener como realidad social, a través de la inacción y prohibición al acceso de oportunidades y justicia que generan impunidad.

El movimiento revolucionario de 1910 inicio bajo un contexto sumamente parecido, Morelos un estado del sur del país sometido a condiciones de extrema pobreza, de inseguridad y explotación laboral encontró en el camino de las armas la posibilidad de cambio. Es decir Emiliano Zapata esgrimió la frase “la tierra es de quien la trabaja” que sedujo al movimiento revolucionario, consagrando en esas palabras la necesidad de un pueblo sometido por un gobierno dictatorial. Gobierno que tampoco apostaba a las instituciones y a las leyes, puesto que no existía un consenso de estabilidad social posterior a la independencia pero si prácticas de corrupción, de imposición y manipulación por parte de quien ostentaba la dirigencia del país. Este movimiento desencadenó el acuerdo y fortalecimiento como país en la constitución de 1917, documento que consagro el pacto social de un país inestable, se puntualizó las garantías individuales, la forma de gobierno, los bienes propiedad del país, la extensión territorial es decir se respondió a la pregunta ¿Cómo crear una nación fuerte, solidaria, equitativa y justa? 

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Los caudillos, la destrucción, las armas, las muertes, la misma constitución fue un fracaso. La parte que corresponde a los ciudadanos no ha sido cubierta, es decir darle funcionalidad a lo escrito en la constitución de 1917, misma que sigue vigente y que hoy es el sustento de nuestro régimen político, la cual solo se reforma. La participación ciudadana se estancó y se convirtió en una lucha de clases con el eslogan de legalidad y democracia. Los índices de analfabetismo, de prejuicios, de fanatismos religiosos se agudizaron y se sostienen por una clase burguesa mínima, que no esta tan interesada en perder sus privilegios, desarrollaron discursos de papel bien elaborados que lo único que dejaban a los proletarios es la esperanza. Porque México es un país de proletarios. 

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Las condiciones no han cambiado hoy 104 años después de la revolución mexicana, todo es tan parecido que lo único diferente es el reforzamiento de una clase burguesa cínica y opresora. Me refiero a quienes hoy presumen de riqueza económica y de poder en este país.  La democracia que es posible a través de leyes e instituciones se ha gestado como el mejor camino, el método para consolidar la posibilidad de una vida libre, justa y solidaria. Es históricamente el modelo social de avanzada al que se aspira llegar. Democracia no es solo un gobierno de todos sino una idea que todos deben compartir y crear. Para ello es importante tener conciencia de lo que son las causas sociales, la filantropía, el deber, el ser ciudadano de un país y del mundo. 

En México quienes acceden a los cargos públicos tienen una sola visión, la del dinero y el poder, en su mente no existen conceptos como causas sociales, filantropía u obligación jurídica. Este país ha sido el paraíso de la abundancia vía la corrupción, el peculado, el enriquecimiento ilícito, el tráfico de influencias que han generado el estado actual de las cosas. La alineación es clara para quienes quieren acceder a los cargos públicos que son el paraíso de la abundancia.

¿Son las leyes responsables de eso? Por supuesto que no. Los responsables somos nosotros como ciudadanos. Hemos sostenido un pedestal para quienes nos gobiernan muy encima de nosotros sin darnos cuenta que no existe. Hacemos presidente a una persona que a través de la manipulación logra el triunfo, un personaje que se vale de su apariencia para engañar al más pobre, al analfabeta, al indígena, al necesitado, al crédulo que en este país suman más de 60 millones. Hemos aceptado una telenovela a cambio de saciar el hambre de comida y de justicia. Ese modelo se vive en los 2,457 municipios de este país, los presidentes municipales se enriquecen del dinero público, silencian a los disidentes, empobrecen a sus adeptos. Esa realidad la vivimos desde hace mas de 70 años, el PRI enseño muy bien a los demás partidos que hoy existen a reproducir esas formas para existir, no hemos cambiado. 

Ayotzinapa hoy puede gritar gracias al Internet, no a los medios tradicionales de comunicación en este país que están coludidos con la corrupción, es gracias a las redes sociales que se puede dar testimonio de una de miles de atrocidades que el gobierno ha cometido. Legislativo, judicial y ejecutivo están compuestos por la misma porquería. Culpan a las leyes, a las instituciones como si tuvieran vida y por ende voz. Pero los únicos responsables son quienes hasta hoy las representan y dan funcionalidad. 

Estoy seguro que los días pasaran y entonces todo será un recuerdo, uno más que conmemorar cada año sin que haya la posibilidad de una revolución de conciencia y de actos. México necesita una revolución de pensamiento que conlleve a la acción. No podemos seguir tolerando como simples errores la matanza de nuestros conciudadanos. No existe ya necesidad de sostener una clase política corrupta y traidora, si queremos un cambio entonces iniciemos por exigir la renuncia y el juicio de quienes hoy son responsables. Pero también asumamos nuestra responsabilidad frente a la nación que hemos también traicionado. Si estamos exigiendo debemos hacerlo desde la propuesta. La constitución política de un país no es solo un documento sino la voz expresa de que queremos como país. A través de ella exigimos, acordamos lo que queremos hacer posible como una nación.


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Basta de conformarnos y solo quemar cosas, la protesta no debemos hacerla cubiertos del rostro, con miedo y mucho menos en el anonimato. Comencemos a exigir nuestros derechos y cumplir nuestras obligaciones. Generemos un cambio en nuestras ideas y por ende en nuestros actos. Hoy una realidad cruel nos deja en luto. Ayotzinapa es tan solo el ejemplo de lo que México es. Duele en el alma ver un país donde gobierna la astucia de los ricos y la ignorancia de los pobres. De migajas vivimos quienes hoy formamos este país.

Luis García Mendoza.










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